sábado, 30 de mayo de 2015

El vacío, la ausencia. El fantasma de lo imaginariamente perdido siempre se encuentra rodando el en el mismo pasadizo oscuro; en el mismo bosque gélido, rodeado por espigados árboles que no dejan de llevar a mi mente el recuerdo de mi soledad y pequeñez.
Como una sombra que me incordia constantemente; como las voces inoportunas de la esquizofrenia que se esconde tras la puerta. Vienen hacia mí los recuerdos de buenos momentos, distorsionados momentos, que siempre vienen acompañados con cierto olor que hace alusión a la hipocresía.

Qué somos. El viento grita y resalta nuestra anormalidad. Somos masoquistas y no lo sabemos, no lo aceptamos. Cómo nos gusta torturarnos ¡Nos encanta! Buscamos la noche y el mar, buscamos alejarnos para poder invocar tranquilos todo aquello que nos destruye. Dolor analgésico. Sufrimiento y calma. 

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