El vacío, la ausencia. El fantasma de lo imaginariamente
perdido siempre se encuentra rodando el en el mismo pasadizo oscuro; en el
mismo bosque gélido, rodeado por espigados árboles que no dejan de llevar a mi
mente el recuerdo de mi soledad y pequeñez.
Como una sombra que me incordia constantemente; como las
voces inoportunas de la esquizofrenia que se esconde tras la puerta. Vienen
hacia mí los recuerdos de buenos momentos, distorsionados momentos, que siempre
vienen acompañados con cierto olor que hace alusión a la hipocresía.
Qué somos. El viento grita y resalta nuestra anormalidad. Somos
masoquistas y no lo sabemos, no lo aceptamos. Cómo nos gusta torturarnos ¡Nos
encanta! Buscamos la noche y el mar, buscamos alejarnos para poder invocar
tranquilos todo aquello que nos destruye. Dolor analgésico. Sufrimiento y
calma.
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