Cientos de caminos,
todos iguales. ¿Por qué la gente puede escoger con tanta facilidad? Caminatas rápidas, seguras. Nunca he visto una
sola cara dubitativa.
Sigo estacionada a
mitad de camino, tratando de retrasar mi
avance. Veo las puertas de diferentes caminos y pienso, pienso. Nadie más aquí
piensa. Ellos son felices, yo pienso. Ellos avanzan, yo me estaciono.
Decido caminar un
poco. Acercarme a esas puertas con futuros escalofriantes, quizás más de cerca
logre diferenciar. Quizás simplemente
deba dejarme llevar, como escuché de un Aries alguna vez.
Pero sigo con miedo
y avanzo lento. Veo mis manos, y ya no son las mismas. Comprendo, a su vez, que
no es solo el miedo el que me retrasa. Los años han pasado y jamás me moví.
Y qué caso tiene hacerlo
ahora.