jueves, 30 de abril de 2015

Un día, quizás fue un lunes, un jueves o un viernes, no importa. Quizás pasó más de una vez, quizás les pasó a ustedes, o quizás a mi. 
Era de mañana, el reloj marcaba las 7:00 am, había que levantarse. Cero ánimo, no era novedad. Se oían los gritos: "levántate" gritaba madre, creo. "A la cuenta de tres" pensaba. 
-Uno... dos... --- tre...s
Los pies en el suelo y la mente aún durmiendo. No importa, hay que ir al colegio, estudiar para el futuro indeseado, pero para el que te han preparado durante años, y para el que te prepararán quizás cuántos años más... 
Nacer, estudiar, estudiar, estudiar, estudiar, trabajar, trabajar, trabajar, morir. 
¿Era sólo eso? La vida, me refiero... ¿Eso era todo?
Poco a poco empezaba a despertar. La mente se agitaba, angustiada. 
Ahora el cuerpo se dormía.
En los pensamientos -aún un poco revueltos- buscaba una respuesta que hiciera sentir conforme. Pero no se podía, quisiera o no, una cadena invisible mantenía atado a la sociedad, y a la realidad. Era prácticamente imposible escapar. Se podía tal vez, pero se sacrificaba demasiado, cosa que en esos momentos no era posible. 
"Podría terminar este juego cuando yo quiera, pero me sumo como un nadie de galeano" tarareaba, mientras trataba de olvidar todo lo que había pensado.
Continuando con la rutina del día a día: bañarse, vestirse, desayunar, e irse. 
El colegio espera. 

lunes, 20 de abril de 2015

Viajes

Nos miramos y nos reímos.
En ese momento todo fue pasajero; todo menos nosotros. 
Siendo más sincera: todo menos yo.
Porque mientras yo viajaba, 
Por la infinidad de un mar de estrellas,
Topándome con constelaciones, creando mundos y descubriendo lo imaginario;
Permanecías tú, estático, en un mundo tan común que divaga entre la risa y la pena;
Pensando, quizás, viajar en la sonrisa de alguien más.

Relatividad del tiempo

Luchaban contra el tiempo, y parecían ir ganando. ¿Horas, días o meses?, ¿hace cuánto se conocían? ni ellos lo sabían, pues nada parecía importar cuando estaban juntos. Qué suerte la de estos seres, que solo intercambiando palabras podían derribar las paredes que durante años habían existido en cada uno de ellos, y que nadie había podido destruir, porque tal vez nadie se había dado el tiempo para hacerlo, o quizás por la única razón de que el universo había unido fuerzas para hacer que él y ella esperaran el momento adecuado para conocerse, y así ser solo ellos quienes pudiesen derrumbar estos cimientos, de una manera mágica: tan fácil, y tan natural, como si todo estuviese predestinado. Hasta lograban hacer parecer que el destino existía. O es que quizás simplemente ya se habían conocido en una vida pasada. Aunque tanta complicidad sólo podría ser el reflejo de más de cientos de vidas juntos.  Quién sabe, tal vez ni siquiera eran humanos, pues destruyeron el narcisismo de nuestra sociedad de una manera nunca antes vista.